Impacto, Tendencias

2020/1 – la era de la «i»

Alejandro Garnica
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«Año axial» llamó el poeta mexicano Octavio Paz al 1968 en que la protesta juvenil no respetó fronteras, «de la misma manera que las epidemias medievales»

¿Cómo no recordar esa etiqueta al pensar en el 2020 que finalmente ha concluido?

Los editores de contenidos en los medios no tuvieron un trabajo sencillo para resumir las noticias de 2020, o encapsular el año en una sola palabra que lo defina. Obviamente la palabra del año es «pandemia», que quizá sea el término más pronunciado y repetido en la historia hasta ahora escrita.

En ese ejercicio de documentar los claroscuros de este año axial, desde este blog proponemos pensar en 2020 como una compleja combinación de «ies». La mezcla única de estos 5 fenómenos marcaron la vida humana en los últimos 10 meses y seguramente permearán mucho del futuro cercano: 2021 y quizá meses más allá.

Fue el año de la Inteligencia Artificial. Desde luego la IA lleva ya mucho tiempo cambiando a las sociedades humanas, a veces de maneras imperceptibles. Pero nunca como ahora tantos cientos de millones accedieron e interactuaron simultáneamente con algoritmos que les hicieron compañía en la situación de encierro: desde aceptar las sugerencias para llenar el tiempo libre por parte de Netflix y otras ventanas de streaming, hasta llenar desde el teléfono la lista del supermercado o autoaplicarse toda clase de tests para determinar la probabilidad de contagio, un tipo de liberación «personalizada» de stress o (re)encontrar compañeros de conversación remota.

Pero además del crecimiento exponencial en la compra y uso de dispositivos en los últimos meses («todo habitante del mundo se volvió digital en la pandemia», dice un experto) las sociedades que mostraron mayor éxito para confrontar la situación lo hicieron en buena medida gracias al manejo de la big data que arrojaban cada segundo esos dispositivos. Por eso no es descabellado pensar que más pronto que tarde el celular se vuelva una suerte de salvoconducto sanitario que garantice a su propietario movilidad y accesos: a eventos masivos, a países extranjeros, a barrios restringidos, a edificios COVID-free…Y la región que tendrá un mayor impacto en su PNB debido a la inteligencia artificial será, no extrañamente: Asia.

Estamos en un período inusitado de Intensa Emocionalidad, personal y colectiva. La pandemia nos remite de inmediato a estados de ánimo negativos: tristeza, incertidumbre, desesperación, stress y más stress. Pero también generó una exaltación emocional a las cosas más simples de la vida, que antes simplemente las teníamos desapercibidas: un atardecer, los árboles, los  varios eclipses y lunas llenas que han convocado el interés y las conversaciones públicas.

Vivimos momentos de enorme conjoga, al igual que de gran empatía e incluso de euforia desmedida. Un ejemplo: los cientos de miles de comentarios en Facebook durante la transmisión en vivo del solsticio desde Stonehenge, que convocó una audiencia virtual planetaria.

Quedará en el recuerdo ver como se le quebró la voz a Angela Merkel al pedirle a sus gobernados extremaran sus preocupaciones, al igual que la soberbia desmedida de Trump que desde su balcón se quita el cubrebocas y se autoimpone inmunidad.
Lo cual nos lleva al tercer fenómeno: la Ineptitud Intolerante, ampliamente exhibida por «líderes» que multiplicaron el impacto de la catástrofe, primero por ignorarla y luego por tratar de solucionarla rápidamente y por decreto.  Nada de eso es extraño en este siglo de la posverdad y el populismo, pero sí sorprende que millones, sí millones, de personas sigan confiando en esos alquimistas del poder, al igual que otorgando credibilidad a los teóricos de la conspiración que han elucubrado sobre la pandemia como fruto de un plan malévolo de alguien(es) para ganar control, fuerza, poder o dinero. Una paradoja hasta jocosa: estos reveladores de verdades ocultas aprovechan la amplitud y apertura de los canales de comunicación contemporáneos para esparcir sus teorías, pero a la vez aseguran que aún en el año 2020 es posible seguir guardando en confidencialidad planes secretos de impacto para la mayoría de la humanidad.
Otra afectación planetaria ha sido la Incertidumbre Ocupacional. Ya desde hace un cuarto de siglo sabíamos que el mundo del trabajo estaba sufriendo una transformación absoluta, pero nadie podía presagiar lo que pasaría en 2020. Sin exageración alguna: todos los mercados de trabajo en el mundo se transformaron, la gran mayoría con resultados catastróficos: desempleo total o parcial, giros obligatorios de ocupación, cancelación de proyectos de emprendurismo. Como en pocos otros aspectos humanos, la ocupación ha mostrado recientemente tal extraña mezcla de injundia y creatividad, resistencia y desesperación, colaboración y gregarismo.
Y además de las consecuencias directas en la economía familiar, esta incertidumbre ocupacional está acarreando modificaciones sustanciales en una gran constelación de actividades: bienes raíces, viajes y hospitalidad, transportación, entre otros múltiples etcéteras.
El mundo del trabajo es quizá el mejor ejemplo de que la reiterada etiqueta «nueva normalidad» se queda corta para nombrar un escenario distópico y bastante anormal.
Y finalmente: en 2020 el tiempo pareció congelarse, o transcurrir a otra velocidad por lo que adoptamos una forzada Inmóvil Ubicuidad. En un año en que todo se volvió «pantalleable», utilizamos la tecnología doméstica para estar en muchos lugares sin tener que salir de casa. Si decimos Zoom ahora todo mundo entiende que no hablamos de lentes fotográficas, sino del mecanismo para acercarnos y convivir en toda clase de ambientes: trabajo, festejos, bodas, funerales, terapias, lecciones de música o sesiones de ejercicio. Al igual que otras utilerías nos facilitaron tener experiencias sensoriales de todo tipo, como asistir a exposiciones o recorrer museos vacíos, viajar a cualquier lugar del planeta, e incluso fuera de la tierra, participar en ferias y congresos…y todo solamente con el movimiento de dedos en un teclado o dando click a un ratón.

¿Qué sigue ahora?

La acostumbrada ciclicidad que los humanos nos autoimponemos hace pensar que con el cambio de año vuelve a salir la luz, se renueva la esperanza y vendrán tiempos sino mejores quizá menos convulsos. Para este sentimiento compartido planetariamente, nada mejor que esa derivación española de una poderosa y antigua frase árabe: «ojalá«

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