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2020: el año del GradoCero de la vida

Alejandro Garnica
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En un siglo en el que la incertidumbre se ha vuelto parte de la vida cotidiana, el trastocamiento de prácticamente todas las cosas que hemos experimentado en los últimos cinco meses ha traído consigo consecuencias inesperadas e insospechadas, algunas de ellas nada negativas.

 

Enfoquemos la atención en uno de los subproductos favorables de la pandemia: el impulso a llegar al germen, al «grado cero». Uso aquí este término, muy polisemántico desde que lo popularizó el genial Ronald Barthes, como la esencia misma de las cosas, lo que queda cuando se quita todo lo accesorio, lo que resulta al final de una acción minimalista, en este caso obligada por las circunstancias que:

a) interrumpieron drásticamente los ciclos de actividad y de producción;

b) han obligado a grandes segmentos de las poblaciones a encerrarse en sus casas; pero a la vez, también

c) han permitido que la creatividad florezca porque la gente tiene más tiempo para pensar e imaginar, y

d) se tienen como nunca amplios públicos ávidos de probar y disfrutar desde el encierro casi todo lo que se les quiera ofrecer.

Ejemplos de ello se multiplican. Al cineasta chileno Pablo Larraín se le ocurre convocar a colegas de distintos países para «filmar» historias cortas sobre su pandemia; el resultado es el conjunto de 17 producciones que ahora presenta Netflix, bajo el nombre serial Hecho en Casa. A pesar de haberse grabado en distintos ambientes y en idiomas diferentes, los cortos tienen en común aprovechar los pocos recursos al alcance de sus creadores: teléfonos celulares para grabarlos, familiares y amigos como elenco (y a veces, ni eso), computadoras personales para editar y hacer la versión final.

Mientras tanto, los grandes estudios cinematográficos se truenan los dedos por encontrar tiempos y maneras para estrenar superproducciones que se han quedado en el limbo provocado por la pandemia; uno de los casos más emblemáticos es TENET, de Christopher Nolan, que con un costo de alrededor de 200 millones de dólares requiere un superestreno a nivel planetario para lograr rentabilidad.

Y entonces surge una pregunta válida: ¿a qué rumbo debe dirigirse la industria del cine en la nueva realidad: TENET o Hecho en Casa?

El ímpetu del grado cero también ha funcionado para darle un giro en este año a un sinfín de actividades, desde ofrecer conferencias a distancia, terapia virtual, sesiones de yoga autoguiada, presentaciones de libros a las que la gente acude masivamente no a una hora determinada, sino cuando tiene tiempo o ganas, al igual que el disfrute de «conciertos» desde la sala de un artista o en un auditorio sin público. O igualmente le ha servido a «Nubia y sus hijos», la familia campesina colombiana que ha logrado viralidad nacional vía YouTube, para poder vender sus productos y los de otros productores rurales vecinos. Y así mismo se refleja en las miles de redes de trueque y comercio uno-a-uno que ahora abundan en ciudades de todo el planeta, mediante las cuales las familias intercambian productos y servicios para sobrellevar la situación del encierro involuntario.

Hay en todas esas historias un patrón común aleccionador. Por una parte, se usa tecnología que se ha vuelto muy casera; seguramente unos usan teléfonos inteligentes más costosos y refinados, pero el principio es muy similar: hacer un uso de «tecnología humilde» (para usar el feliz término de Sheila Jasanoff) de manera eficiente. Además, se buscan aprovechar los canales de comercio y distribución que ya operan; lejos de buscar una disrupción total (el «colapso final de una era», como algunos apocalípticos pronostican) aprovechan de manera creativa lo que hay. Y un factor común interesante es que los lenguajes empleados son similares: la familia campesina colombiana crea sus «comerciales» bajo las mismas reglas que han visto que emplean las grandes marcas en redes y en televisión. Años de alfabetización publicitaria y mercadotécnica, combinada con tecnología amigable y poderosa están dando como resultado desarrollos novedosos y sorprendentes.

La gran duda (otra vez, su majestad la incertidumbre) es si esta gradoceroización de la vida durará más allá de la pandemia. ¿Será que cuando ya finalmente arribemos a la siguiente etapa, volvamos a los mismos mecanismos que regían la producción y el consumo hasta febrero de 2020? ¿qué pasará con quienes ya vieron que sí hay alternativas y no es necesario tener un enorme aparato para ofrecer lo que uno imagina, crea o cultiva? ¿esos talentos innovadores del grado cero serán absorbidos por el sistema de grandes marcas mundiales? ¿el individuo común, último destinatario que decide aceptar o rechazar lo que se le oferta, tenderá a privilegiar las cadenas y productos «grado cero» o retornará al ecosistema previo?

Por lo pronto, habrá que considerar que en este 2020 fue posible ensayar y gozar el grado cero de la vida…

Photo by Sarah Dorweiler on Unsplash

2 Comments

  1. Excelente artículo con una reflexión que vale la pena analizar. La creatividad se ha hecho presente en éste tiempo y ofrece oportunidades para transitar por la pandemia de una mejor manera. Sin embargo dichas oportunidades no están al alcance de todos. Hay que tener acceso a la tecnología . Pero quienes sí disponen de una conexión estable y de un dispositivo pueden reacomodar sus rutinas y disfrutar de la colosal oferta de actividades en línea.

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