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Si no te estás haciendo estas 3 preguntas, no has entendido la pandemia

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Parece que el coronavirus nos transformó a todos en especialistas de esta nueva realidad. Pasadas pocas semanas desde que se declaró la pandemia y el COVID-19 nos mandó obligados a vivir en el encierro, nos volcamos de manera esquizofrénica a concluir, a opinar, a catequizar sobre un nuevo normal que apenas estamos empezando a entender.

Perdimos el norte en nuestro afán por demostrarnos como los verdaderos conocedores de la realidad, como los consultores más ágiles o los más eficientes y caímos en la más antigua trampa de la historia intelectual de la humanidad, la búsqueda de una verdad inexistente. La búsqueda de las explicaciones sobre “el nuevo normal” son el equivalente intelectual al esfuerzo de los conquistadores por encontrar El Dorado.

Esfuerzo del que también me declaro culpable, y que no pretendo señalar como innecesario. Sin embargo, creo es momento de parar y reflexionar sobre lo que sigue para nosotros, y para esto me gustaría empezar por plantear una pregunta:

Si en realidad estamos enfrentándonos a una nueva normalidad, si de verdad la sociedad va a ser diferente una vez superados los meses que dure el COVID: ¿Cuál es el impacto que esto puede tener en la forma en que realizamos nuestro ejercicio profesional? ¿Será que ese viaje de negocios se dejará de hacer para suplirlo por una reunión por una de las tantas aplicaciones de las cuales hoy todos reniegan? ¿Se contará con el tiempo para continuar preparando la comida en casa, y compartir con la familia una comida más sana?

Si en efecto hay una nueva normalidad, si en realidad nos enfrentamos a un mundo diferente, estamos entonces ante un nuevo sistema de valores, en el que probablemente nuestro reto esté en el tipo de preguntas que nos hacemos, en qué es lo que buscamos al tratar de entender esas nuevas formas de ser y actuar, en cómo buscar nuevos paradigmas que definan las relaciones entre personas y marcas, entre personas y consumo.

Cuidado, no caigamos en la trampa de pensar que nuestra profesión se verá inundada de nuevos métodos de recolección de información. Hacer las cosas bajo la técnica “x” o “y” no debería formar parte de nuestra atención en este momento.

El problema que enfrentamos es que nuestra visión está sesgada y como investigadores no construimos con opiniones sobre lo que observamos; por el contrario, solemos enfocar nuestras observaciones sólo en aquello sobre lo que podemos opinar. Así las cosas, nuestra realidad, nuestros conocimientos pueden hacer que perdamos una parte importante de la película, de la realidad.

El desafío sería entonces, como investigadores o estrategas, ¿qué debemos analizar en este momento? Propongo 3 preguntas básicas para empezar.

¿Cómo superar la tentación de referirse a la nueva normalidad?

Si bien por ahora no hay una vacuna o un tratamiento, es claro que la solución al problema llegará en un mediano plazo, y sólo hasta que se erradique el miedo al contagio podremos en realidad empezar a ver el efecto del COVID en nuestra forma de vivir.

Es por esto que no resulta muy útil estar obsesionados con el después; por el contrario, deberíamos estar entendiendo el “antes de” y el “durante”. No podemos comprender la estructura y el impacto de un cambio en los valores de las personas sin antes conocer y dominar el proceso por el cual se da este cambio.

Las marcas que van a salir mejor preparadas de este momento son aquellas que logren descifrar qué pasó durante el tiempo que vivimos vulnerables al virus, cómo las personas sortearon y se adaptaron a estos cambios, y no aquellas marcas que se obsesionen por repensar sus estrategias con la información qué tienen a la mano hoy.

¿Dónde deberíamos estar enfocando nuestra atención?

Como individuos, las personas solemos debatirnos entre el orden y el caos, y es sólo en el orden donde construimos propósito, donde encontramos todas esas acciones que tienen un significado y un sentido que explica el porqué de nuestras decisiones.

Como investigadores o estrategas, debemos enfocarnos en entender aquellas cosas que las personas si pueden controlar en estos momentos: es ahí donde podemos empezar en encontrar pistas que nos revelen como redefinen su rol como consumidores.

¿Qué tipo de persona soy?

Gran parte del impacto de la pandemia limita los actos o decisiones que nos definen como personas, nuestras audiencias o consumidores estén en este momento en medio de una crisis de identidad.

Para una persona aislada en su casa, no es tan fácil construirse a partir de lo que sus amigos, sus compañeros de trabajo o cualquier desconocido piense o entienda de su comportamiento.

Así las cosas, es necesario entender donde se dan esos nuevos escenarios en los que las personas puedan construir una representación de ellos mismos, dónde pueden estar creando discursos que les ayuden a diferenciarse del otro en búsqueda de su propia identidad. ¿Será acaso que los nuevos estereotipos no se van a definir por el estilo de ropa, sino por el tipo de cuadro que se deja ver casualmente en una video llamada?

¿Será que lo importante no va a ser cómo me construyo por mis diferencias con el otro, y que, al contrario, en este momento es más importante la representación que construyo sólo para mí de manera introspectiva?

Estas preguntas no son las únicas, el propósito es que nos sirvan como un punto de partida para devolver un poco de la atención a nuestro ejercicio profesional, a tratar de avanzar en un camino que nos permita entender ¿cuál puede ser nuestro “new normal”?

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